Alguno de los modelos para describir el cerebro en la neurología fue muy simplista y lo dividió en tres sistemas: el reptiliano, el límbico y la neocorteza. El reptiliano era básicamente lo que generaba todas las reacciones autónomas, instintivas y que, como su nombre lo indica, compartimos con los reptiles. El límbico (que es casi lo mismo y sigue llamándose así) es donde residen las emociones. Esos dos primeros sistemas eran subcorticales (debajo de la corteza neuronal). El tercer sistema era la neocorteza, que es todo el intelecto y el “pensamiento superior”.

Aunque hoy no se debe hablar de una manera tan simplista sobre el sistema nervioso, sí es útil tener esta división para entender cómo la inteligencia artificial parece haberse concentrado principalmente en comprender la manera como funciona la neocorteza (y, en el caso de las redes neuronales, equiparar y modelar su funcionamiento al de las neuronas en niveles infinitesimales) y no tanto en comprender o replicar los otros dos “sistemas”. Puede ser útil comprender los tres sistemas completos y cómo interactúan para poder generar una inteligencia artificial más comprensiva. Podría ser que la comprensión de las emociones y su relación con el intelecto sea una buena manera de comenzar.