El término “awe” es difícil de explicar, que en español a veces se traduce como “sobrecogimiento”. Se refiere a un sentimiento más allá de la alegría o de la sorpresa, que sobrepasa también el asombro. Aunque la literatura lo ha tenido muy claro hace tiempo, las ciencias humanas (e incluso la neurología) se han demorado en definir claramente cómo es. Lo importante es que es un sentimiento puramente humano, que se caracteriza por sentirse parte de una comunidad más grande y se define como “una experiencia directa e inicial o sentimiento que se tiene cuando se confronta algo increíble, incomprensible o sublime”. Se caracteriza principalmente porque puede cambiarle la perspectiva de vida a una persona. Se asocian con los sentimientos de sorpresa y miedo. Las experiencias que lo generan son aquellas donde hay algo vasto (en el sentido de algo muy grande, como un bosque gigante o un cielo estrellado) y necesitan acomodación a la experiencia. Lo vasto es lo que se percibe como algo más grande que uno mismo en términos de tamaño físico, estatus social u otras categorías que involucren magnitud. El awe se relaciona también con el asombro, la curiosidad y la humildad.

El awe se necesita para ser humano. Se han hecho experimentos con, por ejemplo, las fotos o videos del planeta tierra desde el espacio (la “canica azul”) y se ha encontrado que este sentimiento de sobrecogimiento generalmente se expresa ante cosas como esta. La pregunta relevante aquí es si la inteligencia artificial podría sentir ese awe, o si debería sentirlo para poder volverse más humana y sobrepasar el nivel actual de desarrollo de su tecnología.